Concepto pagano y concepto cristiano

Francisco Migoya, S.J. ( 13/V/2012)

Amor es una palabra que cabe en la boca de todos y se halla en la mente de todos. Pero ninguna palabra ha sido tan devaluada y manipulada como esta. El Nuevo Testamento recoge al menos tres palabras distintas para expresar el amor : en una se destaca el afecto (filia) ; en otra la pulsión sensual (eros) ; pero, sobre todo, el evangelio de Juan prefiere y emplea en su forma absoluta la palabra (ágape) . En ella caben todos, pero descubre además que no se reduce a sólo sentimiento de atracción hacia alguien, ni a la experiencia de gratificación y placer que el otro produce en mí, sino que incluye la actitud activa y la entrega a favor del otro.

Es común en la predicación de la Iglesia detenernos en la forma más elevada del amor que es el ágape la caridad cristiana como Cristo nos amó. Y a veces podemos pensar que el eros es necesariamente pecaminoso, lo cual es completamente falso. Hay un concepto pagano y un concepto cristiano de nuestro cuerpo.

Esencia y finalidad de la sexualidad
El pagano concibe el cuerpo propio y el ajeno como objeto de placer, sin consideración de la dignidad de la persona y de la misión que el Creador le ha confiado.

Para el cristiano, en cambio, el cuerpo humano es algo sagrado ; en cuanto sexuado, manifiesta la vocación del hombre y de la mujer a la reciprocidad, esto es, al amor y al mutuo don de sí. El cuerpo llama al hombre y a la mujer a su constitutiva vocación: a la fecundidad como uno de los significados fundamentales del ser sexuado.

Dios es amor y todo verdadero sentimiento de amor que nace en el corazón humano tiene algo de divino, en una misteriosa participación de Dios.

Concepto de la pulsión sexual

El concepto pagano no valora al cuerpo sino como objeto de placer, no se ruboriza de exhibirlo narcisísticamente como una materia de mercado; acepta la explotación salvaje del placer corporal aun en formas contrarias a la naturaleza humana, disponiendo arbitrariamente de la vida humana aun no nacida, o forzando una unión matrimonial ajena a la diferencia de los sexos y extraña a los planes del Creador

El concepto cristiano sabe que para frenar la fuerza salvaje de la pasión y evitar todo menoscabo de la dignidad humana, el Creador dotó al hombre y a la mujer de un sentimiento de recato y de vergüenza que preserva la intimidad personal en toda su dignidad. Ese pudor instintivo es una barrera que defiende la dignidad de la persona en cuanto sexuada.

Iniciación al conocimiento de la sexualidad

El concepto pagano consecuente con su valoración del cuerpo como objeto de placer no educa al amor , simplemente instruye sobre el uso de los productos que facilitan el goce corporal , incluso precoz, evitando responsabilidades y consecuencias indeseadas. No educa para asumir las responsabilidades del hogar. No educa al respeto de la dignidad humana ni a la vida familiar. Para el goce sexual no es necesario el amor entre dos seres, si mucho menos un amor perdurable, sino la atracción momentánea provocada por la pasión.

En el concepto cristiano se requiere una educación al amor: la iniciación sexual, prudente y progresiva, comienza en la familia. Se comienza por contemplar la sexualidad como un don de Dios y el cuerpo como templo del Espíritu Santo. El amor de los esposos es una donación recíproca y respetuosa, muchas veces una donación que exige sacrificios en aras de un verdadero amor. No es la atracción de un cuerpo que busca otro cuerpo, sino un corazón que busca otro corazón.

En el concepto cristiano, la iniciación de los pequeños en los misterios de la vida, no se reduce a un instrucción egoísta (como hace la escuela pública) sino una educación al amor humano respetuoso de la dignidad humana y de los planes del Creador.

En una palabra , para el cristiano, el eros , es un amor que santifica al hombre, porque es una participación del amor de un Dios creador.

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